tiene sus años esta, también me sigue gustando...
29/03/2008
ángel musculoso
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miss "hambrela"
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26/03/2008
miel de abeja con oreja
cuento contado por mi mama, narcisa arce, a mi hermana micaela y a mí cuando éramos niñas. la versión que se presenta aquí es una recreación y estructuración porque el cuento nunca tuvo una forma definitiva. gracias, mama.
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a micaela y a andrés a quienes, aunque estén tan lejos y tan cerca, quiero infinitamente y nunca deben olvidarlo. aunque leamos de manera diferente los carteles...
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a mateo, porque sí, por los cuentos, por él, simplemente
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a víctor, con un guiño, por las opacidades que también son la vida
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a mateo, porque sí, por los cuentos, por él, simplemente
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a víctor, con un guiño, por las opacidades que también son la vida
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........................................."como lo ha explicado alcoff (1991), este es un problema central en la teoría crítica, pues históricamente ha resultado muy claro cómo muchas veces al hablar por otros la voz del enunciante (o del investigador) solamente aparece para opacar u ocultar la voz de los sujetos a los que pretende representar. así, hablar por otros implica, en parte, construir un sujeto que puede responder más a los intereses del escritor y a las imágenes con las que él quiere sentirse comprometido. hablar por otros significa asumir una representación y establecer una mediación." víctor vich, el discurso de la calle. los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el perú...........................................
había una vez un señor que encontró unos panales de abejas de los que sacó miel que decidió vender. puso un cartel en la puerta de su casa, pero, como no sabía escribir muy bien, este parecía decir: "vendo miel de obeja" y volvió a entrar a su casa. no pasó mucho rato antes de que alguien tocara a su puerta. se trataba de una señora que lo miró sorprendido y le preguntó qué era eso de miel de obeja. el señor le dijo que tenía unos panales y que estaba vendiendo la miel que daban y le preguntó si no quería comprarle un poco ante lo que la señora se rió comprendiendo que no se trataba de miel de obeja, no, ni de ovejas y le dijo: "ah, lo que vende es miel de abejas; pero, señor, tu cartel que has puesto está mal escrito, tienes que cambiarlo" y diciendo esto le compró un poco de miel y se fue. el señor, que quería seguir el consejo de la mujer, sacó el cartel y corrigió encima, pero, en lugar de corregir donde debía, hizo un tachón en la "b" que terminó pareciendo una "r" y colocó su cartel que, además de un poco sucio, ahora decía: "vendo miel de oreja". luego de colocar el cartel se volvió a meter a su casa porque no faltaba mucho para el almuerzo y tenía que terminar de cocinar. no pasó mucho tiempo antes de que alguien volviera a tocar su puerta, esta vez la persona no venía de tan buen humor, se trataba de una señora mayor que le dijo lo que enseguida copiamos: "¿cómo es posible, joven, que esté usted vendiendo miel de oreja?, ¿está usted loco?, ¿no sabe que de las orejas no se puede hacer miel, no sabe que la miel es algo dulce y que adentro de las orejas hay cerilla y que la cerilla no es dulce sino todo lo contrario?". el señor no entendía lo que la anciana le estaba explicando y le dijo: "pero si yo vendo una miel muy dulce, hecha por animales, no tiene nada que ver con las personas". "entonces tu cartel está mal escrito, tú vendes miel de abejas y no de orejas, pues". "ah...", respondió el hombre entendiendo a donde podría encontrarse el error. la señora se reía con el asunto: "miel de oreja, miel de oreja, quién se hubiera imaginado algo así". cuando el hombre pensaba que la señora ya se iría o que le compraría algo de miel, ella ya había cambiado la expresión alegre de su rostro por otra seria y de sospecha. de pronto, volvió hacia él sus ojos brillantes: "no serás tú el que se robó la miel de mis panales; están cerca de aquí, en el campo, y como no hay cerco es fácil de sacar". el hombre, que era honesto, reconoció inmediatamente que la miel la había sacado del lugar del que hablaba la señora, pero que, como se trataba de un lugar en el bosque y que no tenía nombre, ni cerco -como ella bien había dicho- ni nada, había pensado que no tendría dueño. la viejecita, que tenía buen corazón, y además no quería entrar en discusiones, porque, finalmente, era una torpeza no haber puesto un cerco en su casa, le dijo al hombre que se quedara con la miel, que la vendiera y que se quedara con la plata, pero que le dijera a todo el mundo que la miel era suya para que en el futuro fueran a comprarle la miel a ella. se llevó un tarro de miel y siguió su camino con su alforjita de papas y choclos que llevaba para el almuerzo. el hombre, que andaba muy ocupado con las tareas de su casa, no quería tener que dar explicaciones acerca del origen de la miel a todo el que pasara, se decidió a cambiar una vez más el cartel que terminó así: "SE VENDE MIEL DE OREJA DE VIEJA". con este añadido le parecía que quedaba claro para todos que la miel era de la vieja que había pasado por ahí, pues se trataba de la única vieja del pueblo. pero, claro, se olvidó de corregir lo de "oreja". y, una vez más, entró a su casa para seguir con el almuerzo. pero no pasó mucho antes de...
...pues antes de que alguien tocara nuevamente la puerta. esta vez se trataba de un señor que no esperó siquiera a que le respondan el saludo y dijo: "¿qué es lo que vende usted?, no lo puedo creer, ¿miel de oreja de vieja?, no sabía que se podía preparar algo así...". el hombre le dijo: "sí, de vieja, de la vieja del bosque" y fue repreguntando: "¿qué tal sabe?, ¿y le habrán sacado toda la mugre primero?". "no fue necesario, porque estaba muy limpia", dijo el hombre.
"y usted me puede mostrar como la prepara?, yo no sabía que se pudiera hacer algo así y la verdad es que ando sin trabajo y el pueblo donde vivo está lleno de viejas, así que supongo que podría aprender el oficio, ¿no?". el hombre de nuestro cuento, nada tonto, comprendió lo que le decía el forastero y le explicó que no se trataba de miel hecha de las orejas de nadie, sino que era pertenencia de una vieja y que él la estaba vendiendo. el forastero, infeliz por la falta de trabajo y que sintió caer todo su entusiasmo en un momento, le dijo que por qué había puesto entonces que la miel era de oreja, que no tenía derecho a crear falsas esperanzas en un desempleado pobre como él con un cartel con un cartel como ese y se fue sin esperar más explicaciones. el hombre corrió a su casa por un tarro y le dio el alcance al forastero cuando estaba por doblar la esquina. le entregó el pote diciendo: "tome, para que más que sea le endulce la tarde". el señor forastero, que era en el fondo un optimista, cambió de semblante y le dio las gracias. se fue silbando seguro -al menos confiado- de que esa tarde encontraría trabajo.
el hombre al llegar a la fachada de su casa descolgó una vez más el cartel, lo miró, lo leyó de nuevo, cui-da-do-sa-men-te y corrigió una vez más. por fin escribió abeja y ya no obeja u oreja y decidió que cambiando el orden de lo de la vieja le quedaría clarísimo a quien pasara por ahí de qué se trataba. esta vez el cartel terminó rezando: "SE VENDE DE LA VIEJA MIEL DE ABEJA". colgó su cartel satisfecho y entró corriendo a casa, pues olía que los frijoles se le estaban quemando. estaba en lo de poner una cebolla en la olla para que no apesten tanto y en botar la parte que se había arruinado cuando...
...sí, volvieron a tocar la puerta.
esta vez se trataba de una niña que le dijo: "señor, cómo quiere que alguien le compre su miel si está vieja, y todavía lo pone, nadie le va a querer comprar así.". el hombre le explicó que la miel era de una vieja y que él la estaba vendiendo. "ah..., ya" dijo la niña. "lo que usted vende es miel de abejas viejas" y se quedó un momento pensativa para añadir: "pero si las viejas no dan miel, a mí en el colegio me han enseñado que son las abejas jóvenes las que dan la miel y que cuando están viejas, ya no." el hombre comprendió lo que decía la niña, pero antes de que pudiera explicarle, la niña con cara de entusiasmo apuró: "cuénteme el secreto para hacer que las abejas viejas den miel, tal vez pueda presentar esto para mi proyecto de ciencias naturales en el colegio". "por supuesto, diría que usted es el descubridor y yo su aprendiz." "no, no me entiendes..." intento empezar una explicación el hombre de la miel: "esta miel, en tanto es miel, debe ser de abejas jóvenes si lo que dices es cierto, pero la dueña de ella es una vieja.". pero la niña ya no escuchaba, se había entusiasmado con la idea del proyecto y partido corriendito a su casa para contarle a su hermana y, antes de voltear la esquina, grito al hombre: "entonces mañana por la tarde, como a esta hora que salgo del colegio, me paso por acá y me cuenta el secreto de la miel de abejas viejas, ¡hasta mañanaaaaa...!" y volteó la esquina de un brinco.
el hombre, antes de entrar a su casa a almorzar, sin mucho ánimo, sus frijoles medio quemados, se dio un momento para pensar cómo resolver el asunto del cartel de una vez por todas. lo descolgó una vez más, lo miró de lejos y le siguió pareciendo, como desde la versión inicial, que estaba claríiiiisimo lo que en él decía. "parece que nadie entiende lo que escribo", se dijo. y se quedó unos minutos pensativo. "¡ya sé!" grito al cabo. "voy a hacer un nuevo cartel que diga solamente "MIEL". cuando la gente toque la puerta, le diré que es de abejas y que es de la vieja que vive del bosque y así, con palabras, no habrá más confusiones, que es lo que debí haber hecho desde un primer momento.". en verdad no estaba tan convencido de eso porque explicando muchas veces tampoco se había hecho entender demasiado. "pero, en fin... esta tiene que ser la mejor solución" pensó.
colgó el nuevo cartel: "MIEL"
no pasó mucho rato antes de que un viejito cegatón tocara a la puerta y que, por ello, el hombre tuviera que salir de nuevo a abrir. el viejito que esperaba, bastón en mano, se sacó los lentes con la otra y le dijo: "extraordinario, fantástico, vende usted hiel. hace días que camino en busca de un poco para mi reuma, pero nadie me da razón." "dígame" añadió "¿es hiel de palomas?, porque esa es la única que es buena". el hombre de la miel que no estaba entendiendo demasiado le dijo: "no, es de abejas, no de palomas y está bien dulce.". "¡cómo que dulce!, la hiel es muy amarga y mientras más amarga mejor para los males del reuma y de abejas. qué raro, yo no sabía que tenían hiel las abejas, tráigame un poco para probarla, por favor.". el hombre entró en su casa y sacó un poco de miel en una cuchara y se la dio a probar al anciano que no tan bien la saboreó dijo: "¡pero si esto es miel, ni hiel!". a lo que recibió como respuesta mitad irritada mitad aliviada: "efectivamente, como dice el cartel, esto es miel y, además, le cuento que es de una vieja que vive en el bosque" y tratando de evitar cualquier otro malentendido (que ya había tenido bastantes por hoy, ¡caramba!) le dijo: "y no vaya a creer que es de abejas viejas, no, la dueña es la vieja y tiene las orejas bien limpias, además". el viejito no entendía nada: "mire, joven, no sé lo que me está diciendo, pero lo que yo busco es hiel y no miel, y usted lo que debería es buscar un profesor que le enseñe a escribir mejor". "tal vez lo que usted debería hacer es comprarse otros lentes." respondió el hombre de la miel. "pero si lo que quiere es curar su reuma también puede hacerse picar por las abejas, es muy bueno para la artritis y el reuma. primero duele, pero, poco a poco, se le irán pasando los achaques" "ah, ¿sí?" dijo el viejito, "pues, sí" dijo el hombre, "váyase al bosque y busque a la vieja del bosque, ella tiene muchos panales y seguro que le puede ayudar a ser picado por las abejas". el viejito, que era también un viudito, se puso contento con la noticia, le dio las gracias y partió en busca de la vieja del bosque siguiendo las instrucciones que le habían dado y más entusiasmado con las posibles mieles que con las abejas que pudiera encontrar...
el hombre de la miel estaba agotado, había tratado todo el día de hacerse entender y, para colmo, solo había vendido un tarro de miel, los otros dos eran regalados y, además, había descubierto que esa miel tenía dueña y que luego ya no podría volver por más y que tendría que buscar otro oficio, cosa que, con la falta de trabajo, veía muy difícil.
ya eran como las 5 de la tarde y estaba muy muy, verdaderamente muy, cansado, y en un rato más ya no habría luz. decidió sacar el cartel de su fachada y meterse a su casa a conversar con sus gatos y las mariposas que rondaban sus rosales.
sacó el cartel y se metió a su casa. una vez dentro se acomodó en un sillón que se había fabricado con mantas de lana y pedazos de cuero de oveja (esta vez sí...). y se puso a contarles a sus gatos de colores todo lo que le había pasado en el día. los gatos se rieron y el más viejo y sabiondo de todos opinó que tal vez debería aprender a escribir mejor y luego que tal vez no, porque muchos de los que pasaron finalmente entendieron lo que querían de sus carteles aunque les dieran una explicación. y, así, contándoles y riéndose todos juntos se fueron quedando dormidos y soñaron todos el mismo sueño; los gatos, el pelirrojo, la blanca, el moteado, el negro y la amarilla; y el hombre de la miel. y algunas partes también las soñaron las mariposas que, como sueñan menos que los otros animales -ellas ya son un sueño- solo captaron algunas partes de lo que resultó que finalmente su sueño fuese diferente al de los gatos y el hombre.
y el sueño, mal que bien, bien que mal, tuvo que ver con las personas que habían pasado por ahí ese día y con las que tal vez llegarían mañana y que compraría la miel o preguntarían por el cartel que en sus sueños ya veían que seguiría cambiando una y otra vez...
...pues antes de que alguien tocara nuevamente la puerta. esta vez se trataba de un señor que no esperó siquiera a que le respondan el saludo y dijo: "¿qué es lo que vende usted?, no lo puedo creer, ¿miel de oreja de vieja?, no sabía que se podía preparar algo así...". el hombre le dijo: "sí, de vieja, de la vieja del bosque" y fue repreguntando: "¿qué tal sabe?, ¿y le habrán sacado toda la mugre primero?". "no fue necesario, porque estaba muy limpia", dijo el hombre.
"y usted me puede mostrar como la prepara?, yo no sabía que se pudiera hacer algo así y la verdad es que ando sin trabajo y el pueblo donde vivo está lleno de viejas, así que supongo que podría aprender el oficio, ¿no?". el hombre de nuestro cuento, nada tonto, comprendió lo que le decía el forastero y le explicó que no se trataba de miel hecha de las orejas de nadie, sino que era pertenencia de una vieja y que él la estaba vendiendo. el forastero, infeliz por la falta de trabajo y que sintió caer todo su entusiasmo en un momento, le dijo que por qué había puesto entonces que la miel era de oreja, que no tenía derecho a crear falsas esperanzas en un desempleado pobre como él con un cartel con un cartel como ese y se fue sin esperar más explicaciones. el hombre corrió a su casa por un tarro y le dio el alcance al forastero cuando estaba por doblar la esquina. le entregó el pote diciendo: "tome, para que más que sea le endulce la tarde". el señor forastero, que era en el fondo un optimista, cambió de semblante y le dio las gracias. se fue silbando seguro -al menos confiado- de que esa tarde encontraría trabajo.
el hombre al llegar a la fachada de su casa descolgó una vez más el cartel, lo miró, lo leyó de nuevo, cui-da-do-sa-men-te y corrigió una vez más. por fin escribió abeja y ya no obeja u oreja y decidió que cambiando el orden de lo de la vieja le quedaría clarísimo a quien pasara por ahí de qué se trataba. esta vez el cartel terminó rezando: "SE VENDE DE LA VIEJA MIEL DE ABEJA". colgó su cartel satisfecho y entró corriendo a casa, pues olía que los frijoles se le estaban quemando. estaba en lo de poner una cebolla en la olla para que no apesten tanto y en botar la parte que se había arruinado cuando...
...sí, volvieron a tocar la puerta.
esta vez se trataba de una niña que le dijo: "señor, cómo quiere que alguien le compre su miel si está vieja, y todavía lo pone, nadie le va a querer comprar así.". el hombre le explicó que la miel era de una vieja y que él la estaba vendiendo. "ah..., ya" dijo la niña. "lo que usted vende es miel de abejas viejas" y se quedó un momento pensativa para añadir: "pero si las viejas no dan miel, a mí en el colegio me han enseñado que son las abejas jóvenes las que dan la miel y que cuando están viejas, ya no." el hombre comprendió lo que decía la niña, pero antes de que pudiera explicarle, la niña con cara de entusiasmo apuró: "cuénteme el secreto para hacer que las abejas viejas den miel, tal vez pueda presentar esto para mi proyecto de ciencias naturales en el colegio". "por supuesto, diría que usted es el descubridor y yo su aprendiz." "no, no me entiendes..." intento empezar una explicación el hombre de la miel: "esta miel, en tanto es miel, debe ser de abejas jóvenes si lo que dices es cierto, pero la dueña de ella es una vieja.". pero la niña ya no escuchaba, se había entusiasmado con la idea del proyecto y partido corriendito a su casa para contarle a su hermana y, antes de voltear la esquina, grito al hombre: "entonces mañana por la tarde, como a esta hora que salgo del colegio, me paso por acá y me cuenta el secreto de la miel de abejas viejas, ¡hasta mañanaaaaa...!" y volteó la esquina de un brinco.
el hombre, antes de entrar a su casa a almorzar, sin mucho ánimo, sus frijoles medio quemados, se dio un momento para pensar cómo resolver el asunto del cartel de una vez por todas. lo descolgó una vez más, lo miró de lejos y le siguió pareciendo, como desde la versión inicial, que estaba claríiiiisimo lo que en él decía. "parece que nadie entiende lo que escribo", se dijo. y se quedó unos minutos pensativo. "¡ya sé!" grito al cabo. "voy a hacer un nuevo cartel que diga solamente "MIEL". cuando la gente toque la puerta, le diré que es de abejas y que es de la vieja que vive del bosque y así, con palabras, no habrá más confusiones, que es lo que debí haber hecho desde un primer momento.". en verdad no estaba tan convencido de eso porque explicando muchas veces tampoco se había hecho entender demasiado. "pero, en fin... esta tiene que ser la mejor solución" pensó.
colgó el nuevo cartel: "MIEL"
no pasó mucho rato antes de que un viejito cegatón tocara a la puerta y que, por ello, el hombre tuviera que salir de nuevo a abrir. el viejito que esperaba, bastón en mano, se sacó los lentes con la otra y le dijo: "extraordinario, fantástico, vende usted hiel. hace días que camino en busca de un poco para mi reuma, pero nadie me da razón." "dígame" añadió "¿es hiel de palomas?, porque esa es la única que es buena". el hombre de la miel que no estaba entendiendo demasiado le dijo: "no, es de abejas, no de palomas y está bien dulce.". "¡cómo que dulce!, la hiel es muy amarga y mientras más amarga mejor para los males del reuma y de abejas. qué raro, yo no sabía que tenían hiel las abejas, tráigame un poco para probarla, por favor.". el hombre entró en su casa y sacó un poco de miel en una cuchara y se la dio a probar al anciano que no tan bien la saboreó dijo: "¡pero si esto es miel, ni hiel!". a lo que recibió como respuesta mitad irritada mitad aliviada: "efectivamente, como dice el cartel, esto es miel y, además, le cuento que es de una vieja que vive en el bosque" y tratando de evitar cualquier otro malentendido (que ya había tenido bastantes por hoy, ¡caramba!) le dijo: "y no vaya a creer que es de abejas viejas, no, la dueña es la vieja y tiene las orejas bien limpias, además". el viejito no entendía nada: "mire, joven, no sé lo que me está diciendo, pero lo que yo busco es hiel y no miel, y usted lo que debería es buscar un profesor que le enseñe a escribir mejor". "tal vez lo que usted debería hacer es comprarse otros lentes." respondió el hombre de la miel. "pero si lo que quiere es curar su reuma también puede hacerse picar por las abejas, es muy bueno para la artritis y el reuma. primero duele, pero, poco a poco, se le irán pasando los achaques" "ah, ¿sí?" dijo el viejito, "pues, sí" dijo el hombre, "váyase al bosque y busque a la vieja del bosque, ella tiene muchos panales y seguro que le puede ayudar a ser picado por las abejas". el viejito, que era también un viudito, se puso contento con la noticia, le dio las gracias y partió en busca de la vieja del bosque siguiendo las instrucciones que le habían dado y más entusiasmado con las posibles mieles que con las abejas que pudiera encontrar...
el hombre de la miel estaba agotado, había tratado todo el día de hacerse entender y, para colmo, solo había vendido un tarro de miel, los otros dos eran regalados y, además, había descubierto que esa miel tenía dueña y que luego ya no podría volver por más y que tendría que buscar otro oficio, cosa que, con la falta de trabajo, veía muy difícil.
ya eran como las 5 de la tarde y estaba muy muy, verdaderamente muy, cansado, y en un rato más ya no habría luz. decidió sacar el cartel de su fachada y meterse a su casa a conversar con sus gatos y las mariposas que rondaban sus rosales.
sacó el cartel y se metió a su casa. una vez dentro se acomodó en un sillón que se había fabricado con mantas de lana y pedazos de cuero de oveja (esta vez sí...). y se puso a contarles a sus gatos de colores todo lo que le había pasado en el día. los gatos se rieron y el más viejo y sabiondo de todos opinó que tal vez debería aprender a escribir mejor y luego que tal vez no, porque muchos de los que pasaron finalmente entendieron lo que querían de sus carteles aunque les dieran una explicación. y, así, contándoles y riéndose todos juntos se fueron quedando dormidos y soñaron todos el mismo sueño; los gatos, el pelirrojo, la blanca, el moteado, el negro y la amarilla; y el hombre de la miel. y algunas partes también las soñaron las mariposas que, como sueñan menos que los otros animales -ellas ya son un sueño- solo captaron algunas partes de lo que resultó que finalmente su sueño fuese diferente al de los gatos y el hombre.
y el sueño, mal que bien, bien que mal, tuvo que ver con las personas que habían pasado por ahí ese día y con las que tal vez llegarían mañana y que compraría la miel o preguntarían por el cartel que en sus sueños ya veían que seguiría cambiando una y otra vez...
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mañana o anhelado despertar de zapatero
es de mañana. es el mañana del ayer en la noche. mañana es una maña una alimaña. casi siempre me he despertado de buen humor, pero eso no está pasando esta semana. pienso en todos los pendientes y en su contraste con las ganas de quedarme en mi casa ordenando cositas, dibujando otras, haciendo proyectitos y leyendo los 4 libros de bordado que me acaban de llegar en un sobre hermoso (uf!, no se lo robaron en el correo como creí que a lo mejor ocurriría...). ahora quién podrá defenderme. me imagino mi propio chapulín colorado, personal, que me diga, no te preocupes preciosa que yo haré tu trabajo (o como los duendes del cuento el zapatero y los duendes, ¿alguien se lo sabe?: era un zapatero al que unos duendes ayudaban por la noche y le hacían zapatos que él vendía y obtenía más ganancias. era un cuento bien capitalista tal vez, y qué..., ya basta con los temores al dinero. lo lindo era que los duendes estaban felices de que el zapatero aunque encontrara ayuda no se durmiera en ella sino que se pusiera a trabajar más y mejor. al final es lindo cuando la esposa del zapatero -que sabía coser- les hace unos trajecitos verdes y el zapatero les hace unos escarpines rojos. los duendecitos solían andar sin ropa antes. bueno, a lo mejor conocen la vergüenza luego de eso -toda transformación puede ser tan terrible como maravillosa- el caso es que un chapulín-duende me vendría de puta madre. en otra época creo que se llamaba mecenas. es increíble cómo me voy poniendo de mejor ánimo a medida que escribo, no sé si curo algo o simplemente desvío la atención. pero volviendo al chapulín: de niña yo tenía un sombrero con antenitas de vinil y un chipote chillón y andaba dando golpes y gritando: chapín colao! bueno, no sé si resultaba muy salvadora o reparadora, pero es a través de esto como si pudiera mirar nuevamente adentro de esos cajones blancos del armario empotrado en la pared. el armario tenía puertas corredizas y seguro que ahora ya no me parecería tan grande. tenía un buen número de rompecabezas, siempre me han encantado. creo que mi favorito era uno que tenía un tiburón y un pulpo o dos tiburones. era en colores marrones, morados-marrones-casi negros. creo que me llamaba la atención por sus colores -y su textura- tan diferentes a la mayoría que se encuentran en un rompecabezas de niños. también tenía uno con duendecitos -parece que están por todas partes-, que tenía esta frase que debe pulular por aulas de colegios, blogs de autoayuda....: sigue tu propio ritmo, toca tu propia canción y muy pronto todo el mundo estará cantando contigo. era algo así, la idea es que si eras tú mismo, todos estarían contigo. es extraño, hace como 5 años escribí un texto bastante espeso y un tanto analítico a raíz de esa frase, se llamaba el absopedo (absoluto+pedo) y ya no sé si lo tengo. el caso es que yo planteaba algo así como que si todo el mundo al cantar lo propio tendría a los demás cantando consigo, entonces era como un apanado de gente, un sinsentido, pero ahora lo veo diferente, claro..., y se me acaba de revelar, tantos años de mirada interior, de caminar hacia el respeto propio y, así, al ajeno me han revelado cosas nuevas. no tiene que ser lo mismo lo que canten todos ni un apanado de cantos, mi imagen ahora es como la de un musical alegre, donde la protagonista va caminando por la calle del pueblo y de pronto sale un vecino sonrosado y afable, la saluda y sonríen y cantan juntos, luego, más allá, se cruza tal vez con una vieja gruñona y ella de una sonrisa y unas melodías con gorjeo saca a la viejecilla de su gris amargura -grisura- y los pajaritos trinan a su alrededor. qué lindo! pero la señorita protagonista nunca tiene fisuras y si los tiene los vive con el estoicismo de candy -estoy harta de citarla- o, mejor, el de angel, la niña de las flores. angel al ser un personaje más etéreo es, en realidad, más real que candy. en fin, igual aunque no pueda sonreír con todo el vecindario -si les contara la de gritos y caras horrendas que puso la vecina de mi actual casa cuando fui a avisarle un día en la mañana que el renegón de su perro estaba respirando raro y parecía medio ahogado....- en fin... bueno, queda, supuestamente -y en verdad también- la observación. qué fácil suena, qué difícil es a veces. ayer me quedé en internet como hasta las 2 y 18 a.m. y luego en la cama mi cuerpo estaba un poco inquieto. decidí observar mi respiración. resultaba un tanto difícil quedarse en ella y no es que no tenga algo de práctica en ello. venían imágenes, ideas, diálogos. sabía que me dormiría tarde o temprano, porque, ya lo dije antes, el insomnio es raro en mí, pero quería ir durmiéndome de manera consciente como creo que me gustaría morir. al final me dormí y francamente no recuerdo si observando mi respiración o no... pasando a otros temas más informales, no sé qué pasa que mi ropero se queda cada día más vacío. es en serio, de 30 deben quedar ahora unos 5 polos, tengo como 20 separados para regalar o recortar y reciclar como forros de cuadernos tal vez... este verano ha sido medio pobrete económicamente hablando y no han habido renovaciones, excepto por un par de bikinis que le costaron algo de "inflación" a las tarjetas de crédito. pero este tema "frívolo" para decir que me gusta cada cierto tiempo cambiar de piel, en la medida de lo posible, desproveerme-si no existe el término, se entiende- de ciertas cargas que tienen mis entornos, la evocación de algún recuerdo, de alguna época -no importa si es feo el momento o no-. vaciar antes de volver a llenar dice mi profesora nora -ave canora-. vaciar antes de volver a llenar. hacer pausas entre la inhalación y la exhalación. es gracioso porque cuando me siento a la máquina suelo olvidar todas las consciencias del cuerpo y aunque mi postura no es estar toda descuajeringada, igual sus dolorcitos de cuello aparecen, sus cositas por aquí y por aculla. bueno, debo irme. seguiré, como siempre, discurriendo. me voy porque tengo que terminar un trabajito por encargo, asu, eso suena súper power, pero se trata de un frilo-pagacuentas. en fin -siempre digo en fin-... a ver si ahora que entro al baño o a la otra pieza me encuentro con algún regalito de los duendes que me visitaron anoche...
25/03/2008
tu noche y la mía...
esta es de revólver, favorito de mis 16
en estos días de furia interna, contención y poco impulso creativo, que otros me suelten las emociones....
pinchas en el título y te vas a tu noche y la mía...
en estos días de furia interna, contención y poco impulso creativo, que otros me suelten las emociones....
pinchas en el título y te vas a tu noche y la mía...
24/03/2008
matemáticas guapas
no sé para qué sirven, pero siempre me han encantado estas cosas
- escaleras que dan escaleras:
1 x 8 + 1 = 9
12 x 8 + 2 = 98
123 x 8 + 3 = 987
1234 x 8 + 4 = 9876
12345 x 8 + 5 = 98765
123456 x 8 + 6 = 987654
1234567 x 8 + 7 = 9876543
12345678 x 8 + 8 = 98765432
123456789 x 8 + 9 = 987654321
-escaleras que dan capicúas aburridos:
1 x 9 + 2 = 11
12 x 9 + 3 = 111
123 x 9 + 4 = 1111
1234 x 9 + 5 = 11111
12345 x 9 + 6 = 111111
123456 x 9 + 7 = 1111111
1234567 x 9 + 8 = 11111111
12345678 x 9 + 9 = 111111111
123456789 x 9 +10= 1111111111
escaleras que dan bailarines gorditos:
9 x 9 + 7 = 88
98 x 9 + 6 = 888
987 x 9 + 5 = 8888
9876 x 9 + 4 = 88888
98765 x 9 + 3 = 888888
987654 x 9 + 2 = 8888888
9876543 x 9 + 1 = 88888888
98765432 x 9 + 0 = 888888888
- capicúas que dan capicúas:
1 x 1 = 1
11 x 11 = 121
111 x 111 = 12321
1111 x 1111 = 1234321
11111 x 11111 = 123454321
111111 x 111111 = 1234565432
11111111 x 1111111 = 1234567654321
11111111 x 11111111 = 123456787654321
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19/03/2008
la casa de muñecas, cuento de katherine mansfield

me encanta este cuento...
las niñas del cuento no son precisamente las del dibujo, tal vez kezia...
pero si cliqueas en el título de este post te vas al cuento. también está en "cuentos que me apasionaron" una antología de ernesto sábato, ahí lo conocí.
para los que siempre llevan y comparten la lamparita interior...
si creyera alguna vez...
esto le robé a luis hernández:
"si creyera alguna vez
con orgullo extravagante que me amas
tú soñarías que en tu alma se reúne
el dorado vacío de la hierba.
quizás así tu sueño
te sirviera de descargo
pues alguno te acusa
de excederte en belleza.
si contemplas el sol
y lo hieres con tus rayos
muchos dirán que es por odio
pues te imita, siendo solo
que detienes el verano
por jactancia
y, si alguna vez me hallaras,
háblame, pues sabré comprender
si no tu idioma, los disfraces
del mar cuando se ofrece
"si creyera alguna vez
con orgullo extravagante que me amas
tú soñarías que en tu alma se reúne
el dorado vacío de la hierba.
quizás así tu sueño
te sirviera de descargo
pues alguno te acusa
de excederte en belleza.
si contemplas el sol
y lo hieres con tus rayos
muchos dirán que es por odio
pues te imita, siendo solo
que detienes el verano
por jactancia
y, si alguna vez me hallaras,
háblame, pues sabré comprender
si no tu idioma, los disfraces
del mar cuando se ofrece
14/03/2008
fragilité, remoliné....
(primero: para leer esto, puedes "cliquear" en la barra de videos de la derecha y poner souvenir de omd, que me parece el fondo correcto...)
esta mañana llegué tarde a la reunión de la chamba -un taller de la chamba. pensé tirarme la pera, pero el sentido de responsabilidad... luego almorzar cebichito, rico, un poco demasiado picante. besarse con el novio en el carro luego de conversadita sancochándonos en el carro pero aunque sea bajo un frondoso árbol con hojitas... esta noche me voy a la playita, sin él, con amiguitas... ojalá se caiga mañana, pero, como siempre, lleno todo de preámbulos antes de llegar a donde supuestamente quiero llegar que es ahora, siempre corriendo detrás del ahora, ay! me he acordado de gloria helfer que diría "¡qué cosa!". en fin, quería llegar a ahora que estoy sentada en el sillón rojo frente al balconcito abierto ya no sintiendo calor, pero se me han quedado las hojas del árbol y las sombras en la frente, con su color verde pscuro aunque las sentí más que verlas en la despedida del carro. y salió una vecina medio vieja pelleja -paja- como de 70 pero con su ropa apretadita y sus joyitas a preguntarnos algo creyendo que éramos su hermano o no sé qué y también habían llegado los de una compañía de cervezas a llevarse remanentes del juergón que habían tenido anoche, la tía más juerguera, dijo mi chico. anyway, a ver si ahora llego a estar aquí y ahora -bien yoguix, como siempre, jeje- a ver, estoy sentada, las piernas están un poco abiertas haciendo esquina con la esquina del baúl porque si no me estampo y me duelen (los baúles no tienen huecos como las mesas). desde que soy más feliz mi inspiración escritural está más monse, ya lo he dicho, hasta me repito... como sabina: oiga, doctor, devuélvame mi fracaso, no ve que yo cantaba la marginación, devuélvame mi odio y mi pasión, doctor, hágame caso... pero eso tampoco es el aquí ni el ahora... empecé poniendo de título a esto sin haber escrito una línea: fragilité, remoliné... quería hablar de la sensación de fragilidad y disconformidad en las que ando últimamente, pero son "aquí y ahora" o me estoy colgando de ellas como de una vieja costumbre. cambio de pareceres de vocaciones 3 ó 4 veces al mes... me maleo, ¿no? ahora estoy pintando a veces, bordando y siempre tengo ese como sueñete de llenarme completamente de una sola obsesión, de volverme loca tras un solo objetivo, como si no pudiera haber espacio para la duda. sé que la palabra "objetivo" está muy desprestigiada entre las gentes de mente abierta, creativa... y no sé qué vainas más entre las que mi cliché mental me dice que debiera estar, pero a veces no está mal. no me refiero al objetivo de entregar tu chamba a tiempo... el otro día ver unos videos de alejandro jodorowsky en internet me levantó y me cagó un poco también, pero más me levantó... él decía que uno debe tener un objetivo en la vida porque si no como que va como una bala perdida -o bueno, la explicación solo la estoy dando yo-. decía que su objetivo era algo así como disolverse ´como una gota en el océano del universo y preguntaba a unas mujeres del programa al cual había sido invitado, una decía escribir, la otra escribir y curar... y pucha, yo abrí la tapa de mis sesos y me puse a revolver a ver si encontraba la tarjetita correcta, la green card, pero no había ni tarjeta roja-... empecé a pensar, bueno, mi objetivo es que todos sean felices, ay que conchix! tendría que volverme como la madre teresa y creo que no la hago y además eso de desplazarse de esa forma hacia los demás sin incluirse a uno en el objetivo siempre acaba mal, me encanta bordar y he pensado que mi objetivo podría ser bordar un manto enorme que cubra miles de calles o hacer un manto de patchwork hecho de miles de pedazos bordados y origamis y que se pueda la gente pasear y mirarlo, ese objetivo me gusta, pero luego me acuerdo de que tengo que pagar las cuentas, el alquiler todos los meses, de los objetivitos, entienden? claro que entienden, son como jode-jodes están por todas partes. y cuando pienso en el objetivo del bordado siento que me he liberado de los del teatro y la danza -al menos por el momento- como que por ahora se han borrado de mi lista de intereses inmediatos en cuanto a mí como practicante quiero decir y queda la pintura de puntitos que puede ir de la puta madre con los bordados. y quedan el yoga y el trabajo corporal que son como pilares, como soportes para los desvanecimientos y las depres por las cuales a veces me quiero lanzar y soy feliz cuando estiro, cuando amplio, pero a veces aparece la conciencia culposa: "tanto tiempo haciendo yoga y no practicas disciplinadamente todos los días" mmmm, malo, malo y descubres que esas culpas cositas que has ido puliendo y dejando en el camino todavía tienen cierta presencia como los monstruos de muchas cabezas o la hierba mala (es yerba o hierba...?) y que cuando los crees idos de pronto levantan la cabecita y, bueno, hay que aprender a mirarlos con paciencia, como a negociar, a ser diplomático con uno mismo y decirles: "ok, ya se que estás ahí; si quieres salir, sal; pero no te vas a comer toda mi comida ni meterte entre los tablones de madera de mis pisos -me encantan los pisos de maderas, los pisos de ladrillos rojos, los pisos de arena, los pisos fríos, ¡oda a los pisos! (de niña echaba con una manguera agua al piso de la entrada de mi casa y me ponía ropebaño y nadaba ahí abriéndome y cerrándome como un sapo me deslizaba por esas losetas sesenteras que quedaban lustrosas y destellantes.... ay qué ricos son algunos recuerdos...). bueno, eso, mirarlos y decirles, pues, que ok, ok, pero que no son todas las partes de una, que son solo un pedazo y que tienen que hacer espacio para sus hermanos y que nada de gritar "primer", ni "yo a la ventana" que se la turnen y punto, que la ventana un rato para cada uno y que los turnos rotativos, qué tal esa? creo que mi cuerpo se resiste a sentir emociones menos intensas y tal vez más profundas, tal vez porque tiene más costumbre de unas y más miedo a las otras, aunque tal vez lo intenso sea profundo, no tengo suficientes palabras para esos; pero sé que no debo y, sobre todo que no quiero, rechazar lo nuevo por desconocido, por atemorizante o por diferente...
bueno, yo como siempre, querido lector (ay me siento como queca herrero), haré una pregunta que espero te animes a responder: ¿qué hacemos con los obje-tivitos respecto del objetivote? y ¿qué hacemos si el objetivo cambia? y.... tatatatannnn, finalmente, quiero hacer la pregunta si alguien sabe de algún tipo de mecenas-fundación o cualquiera de esas (finas) yerbas/hierbas que le dé plata a una como yo para que tenga que preocuparse de un objetivito y pueda volverse loca por el objetivazo... me cuentan, ¿ya? una de las culpas tiene que ver con vivir en el perú y pensar que a quién le importan mis objetivitos ni objetivotes si finalmente tengo mis necesidades básicas cubiertas, pero una cosa no quita la otra, supongo. y sorrento por este cierre con un guiño de culpa que intento descargar. y espero comentarios, me encantaría que me cuenten acerca de sus objetivitos y objetivotes. acabo de descubrir un objetivito bonito, no como pagar cuentas, sino el de saber acerca de tus objetivotes y objetivitos, querido lector.... y conmigo será hasta la próxima y no sé a qué hora, pero en este mismo lugar... besossss
11/03/2008
comer mientras se escribe y otras formas de violencia o de lo torpe que soy cuando quiero parecerme a gandhi...
este es un texto que guardé para corregir, pero no soy muy buena retomando asuntos. así tampoco quise guardarlo, aunque no sé si recomendarlo del todo....
siempre he pensado que no se debe comer mientras se escribe, no tanto porque uno no pueda detenerse a cucharear (algo como el gerber que me estoy terminando, por ejemplo), sino porque el flujo de las ideas se ve interrumpido. seguro que esta es una verdad evidente para cualquiera que escribe, lo que ocurre es que, sin embargo, a pesar de…, a veces no puedo evitarlo. no es hambre, es esa relación ansiedad-compulsión-comida por la cual circulo a veces. tenía tiempo sin que ocurriera –o al menos sin observarla- y las motivaciones no serán motivo en este texto porque son muy privadas, porque pese a lo que me gustaría, eso de que ser siempre igual a uno mismo todo el tiempo fuese posible (como si uno fuese solo uno… siempre he sido tan inmadura para ciertas cosas… no en mis realidades, en mis deseos… los deseos son volátiles, caníbales, antropofágicos. quisiera devorar realidades ajenas de pronto y de un tirón… y cuando algo me es negado… arde troya… por dentro… hace un rato que me controlo, como ahora) justo he sido tomada por el paréntesis y empezaré a hablar de lo que contiene: fui a una tienda de esas grandes (con olores maravillosos de ferretería, tú, que lees, evoca…) y estaba en un corredor, mirando tal vez plásticos y había una máquina en medio del corredor de esas que levantan personas para poner o sacar cosas de los estantes más altos (pausa de restos de gerber, no siempre es tan ansioso, a veces acompaña bien la pausa mental, peor es corregir cuando ha faltado una tilde, la hermana de mi hermano –solo yo lo debo recordar- cuando tendríamos unos 10 años, me dijo que ella ponía las tildes al final –porque las ponía en rojo, además- y cuestionó que yo las pusiera a medida que iba escribiendo. yo no le hice caso, por años, pero ahora, ahora que casi no cometo errores de tildes, si tipeo rápido y algo se pasa lo dejo pasar para mirarlo al final… gracias, mariana ;). bueno, estaba en la tienda esta (tampoco quitaré las mayúsculas después de punto sino hasta el final) y miraba y la señorita, una señorita de las que atiende, me dijo: “señora, no puede pasar” refiriéndose a la máquina que obstruía –pero no completamente, aunque habría que deslizarse- el paso y yo que normalmente soy amable, muy amable diría en situaciones de supermercado, micro, cola del cine le respondí: “ya sé” sintiéndome el instante después grosera. medité inmediatamente acerca de cómo las reacciones están directamente relacionadas al estímulo que recibimos. muchas veces estoy atenta y no reacciono, corto el flujo con conciencia e intento devolver amabilidad (que ha suavizado a un par de brujas un par de veces de una manera que aún me sorprende cuando la recuerdo). pero, regresando, pues este texto no pretende ser una demostración de mis habilidades sociales, sino tal vez de lo contrario, en realidad yo sentí rabia y el “ya sé” fue, en el fondo, algo monstruoso o yo soy una culposa (eso también podría dar para otro texto). en otra ocasión yo hubiera dicho –si me hubiera hablado en un tono amable ella-: “no se preocupe, señorita”, pero, aparte del “señora” que aún me cae bomba pero que no motiva violencias, su trato fue rudo (su tono, su timbre, su no mirarme al decirlo) y mi reacción fue ponerme a mirar el aparato grande rojo metálico y casi acharolado que impedía el paso. miré por el costado, calibré si podría físicamente pasar o no, calibré si habría algún dispositivo eléctrico que pudiese ser peligroso y por el cual se me hubiese negado tan feamente el pase. no lo había, no lo vi y me vi, pequeña, no en un momento específico, pero me vi –más de uno que lea debe conocer la sensación- me vi queriendo pasar por el simple hecho de que se me hubiese “prohibido”. esa debe ser la razón por la que algunos usan drogas o se casan con alguien que sus padres no aceptan –o dejan de hacerlo- o estudian determinadas carreras. no me interesa propiamente digresionar ni sopesar motivaciones ajenas para tan grandes empresas en realidad…
siempre me he creído bastante autónoma, terca me han dicho más de una vez y yo no estaba segura, pero el evento de la tienda (“por departamentos”, ¿así se llama? suena más pacheco…) me demostró que sí, que puedo serlo, que tal vez no llegue a actuar por reacción, pero que me la pienso. por qué la prohibición puede convertir algo en atractivo me pregunto. parece fácil la respuesta, pero para mí no lo es. por qué si te dicen no, tú podrías querer que sea sí o… un momento, me acabo de dar cuenta de que me pasa lo mismo cuando se trata de un sí contundente y ajeno. quiero decir, más de una vez he sido invitada a algo (mirar una puesta de sol hermosa, hacer mi tesis, leer tal o cual libro) con una especie de actitud que aparenta buscar el bien ajeno (es decir el de uno) y la he considerado igual de sublevante que la de la prohibición. ¿por qué, si está bajo el formato de “es por tu bien”? y de pronto me doy nuevamente cuenta de algo: no es epifánico esta vez (como la entrada de “insomnio” ni tan trascendente seguro…), pero entiendo ahora que la falta de modales en una negación o la invitación de quien cree hacernos un bien, abrirnos una puerta (o del que nos ofrece incluso diplomáticamente una negación sin darnos explicación o sin habernos observado lo suficiente, incluso si no es agresivo) son invasiones, invasiones a los límites del propio cuerpo. a mí me gusta ser tocada con suavidad. no hablo en este caso de lo físico necesariamente y menos de edulcoraciones, creo que estoy hablando de respeto. la vida es en parte una de avances y retrocesos entre el respeto y la violencia. el respeto es mejor que la paz, la paz es un estado utópico, inmóvil tal vez, aunque no sé mucho de ella. entre humanos es respeto la paz y aparece la pregunta de quién tiene la medida… la violencia es un arte, la violencia es ese sacudón que nos saca de nosotros y nos coloca en otra parte –sin habérsenos preguntado- que en un primer momento no podemos soportar (físico, emocional, imaginario…). la vida está plagada de violencias y nuestra sensibilidad debe inevitablemente hacerse a ellas, a ella, la violencia es un arte, entonces, un arte que debe ser surcado por el respeto. no me estoy preconizando desde algo que yo muchas veces probablemente no soy capaz de tratar con la elegancia debida, sin embargo, de todos modos, a pesar de…, me reitero en ello y lo digo; incluso si de fulminar se trata solo nos queda el respeto, el respeto es esa suavidad que no necesariamente evita la violencia de sacar de su sitio a algo o alguien sino que tal vez considera lo que está ocurriendo, considera que si va a romper algo no debe inmediatamente hacer como si no hubiese querido, como si tuviera un hilo mejor que el que había para devolverlo a una nueva y renovada vida (y no es redundancia), la violencia implica el respeto de la conciencia y si no se tiene conciencia, debe haber contención. creo también que si algo no nos importa demasiado debemos darle respeto y no desdén, aquello que no nos toca toca a otros, aquello que nos toca no hace ni chistar a un tercero.
si yo hubiera mandado a la mierda a la señorita la señorita hubiese tal vez llamado a un supervisor, tal vez se hubiese “reducido” o “encogido” como corresponde tantas veces a nuestras coordenadas sociales a la peruana y, menos probablemente, hubiese tal vez respondido al insulto y menos probablemente aún aclarado la situación y dicho que lo sentía si había sido poco amable, pero que estaba pensando en otra cosa cuando me habló, que no se había dado cuenta de su tono de voz… y aquí aparece una nueva forma de violencia: la mía. la mía es la de querer siempre ser tratada con suavidad. ¿qué derecho tengo yo de pedir eso? y, así, mi violencia de la suavidad tiene que restringirse, moldearse y no decir nada –muchas veces, no siempre- cuando se me habla de una manera que pudiese herir, no gustar, sublevar.
no he respondido la pregunta acerca de por qué lo negado puede resultar atractivo y que tal vez no tenga tanto que ver con lo que he terminado diciendo acerca de la violencia y del respeto, pero, francamente no conozco las motivaciones de lo atractivo de lo prohibido. a mí me educaron con unos códigos de responsabilidad e independencia que han hecho que no haya mucho que esté prohibido y por lo tanto mi motivación no se mueva tanto en ese sentido (excepto cuando la señorita me habla feo en la tienda…), pero algo pasa, algo pasa cuando los ingleses van al barrio rojo, cuando los adolescentes se fuman su primer pucho o porro (recuerdo mi primer cigarro, a los 12, un atoro, un interés, que se disipó y se volvió abstinencia por muchos años), recuerdo haber visto a porcel a los 7 u 8 años y confesádolo a mi madre: “mami, he visto películas de potos”. mi madre se rió y me quitó el dolor de estómago que me habían producido la excitación y la culpa y diluyó el placer por lo prohibido. aunque tal vez quiso imponerme prohibiciones más complejas, no de las convencionales, su convicción y fe en la libertad como concepto más contundente incluso de lo que pueda ser soportable muchas veces (lo cual es también una locura) han hecho de mí a veces un monstruo, pero un monstruo que buscará la libertad, sea lo que eso signifique, probablemente hasta su muerte. la búsqueda de libertad es una forma de violencia –bastaría con tomarla, con serlo, pero así no son las cosas, pues… puedo imaginarme acobardada ante una serie de situaciones épicas, tal vez uno construye su idea de libertad incluyendo todos sus temores, como un farero mira desde su torre y cree que por mirar todo el mar no lo teme (me gusta esa imagen ;), pero así se va tantas veces por la vida, a tientas, cediendo entre el horror y el arrojo… entre, justamente, la violencia y el respeto que más que estar separadas defiendo como unidad de dos planos para poder soportar el ardor de estar vivos.
siempre he pensado que no se debe comer mientras se escribe, no tanto porque uno no pueda detenerse a cucharear (algo como el gerber que me estoy terminando, por ejemplo), sino porque el flujo de las ideas se ve interrumpido. seguro que esta es una verdad evidente para cualquiera que escribe, lo que ocurre es que, sin embargo, a pesar de…, a veces no puedo evitarlo. no es hambre, es esa relación ansiedad-compulsión-comida por la cual circulo a veces. tenía tiempo sin que ocurriera –o al menos sin observarla- y las motivaciones no serán motivo en este texto porque son muy privadas, porque pese a lo que me gustaría, eso de que ser siempre igual a uno mismo todo el tiempo fuese posible (como si uno fuese solo uno… siempre he sido tan inmadura para ciertas cosas… no en mis realidades, en mis deseos… los deseos son volátiles, caníbales, antropofágicos. quisiera devorar realidades ajenas de pronto y de un tirón… y cuando algo me es negado… arde troya… por dentro… hace un rato que me controlo, como ahora) justo he sido tomada por el paréntesis y empezaré a hablar de lo que contiene: fui a una tienda de esas grandes (con olores maravillosos de ferretería, tú, que lees, evoca…) y estaba en un corredor, mirando tal vez plásticos y había una máquina en medio del corredor de esas que levantan personas para poner o sacar cosas de los estantes más altos (pausa de restos de gerber, no siempre es tan ansioso, a veces acompaña bien la pausa mental, peor es corregir cuando ha faltado una tilde, la hermana de mi hermano –solo yo lo debo recordar- cuando tendríamos unos 10 años, me dijo que ella ponía las tildes al final –porque las ponía en rojo, además- y cuestionó que yo las pusiera a medida que iba escribiendo. yo no le hice caso, por años, pero ahora, ahora que casi no cometo errores de tildes, si tipeo rápido y algo se pasa lo dejo pasar para mirarlo al final… gracias, mariana ;). bueno, estaba en la tienda esta (tampoco quitaré las mayúsculas después de punto sino hasta el final) y miraba y la señorita, una señorita de las que atiende, me dijo: “señora, no puede pasar” refiriéndose a la máquina que obstruía –pero no completamente, aunque habría que deslizarse- el paso y yo que normalmente soy amable, muy amable diría en situaciones de supermercado, micro, cola del cine le respondí: “ya sé” sintiéndome el instante después grosera. medité inmediatamente acerca de cómo las reacciones están directamente relacionadas al estímulo que recibimos. muchas veces estoy atenta y no reacciono, corto el flujo con conciencia e intento devolver amabilidad (que ha suavizado a un par de brujas un par de veces de una manera que aún me sorprende cuando la recuerdo). pero, regresando, pues este texto no pretende ser una demostración de mis habilidades sociales, sino tal vez de lo contrario, en realidad yo sentí rabia y el “ya sé” fue, en el fondo, algo monstruoso o yo soy una culposa (eso también podría dar para otro texto). en otra ocasión yo hubiera dicho –si me hubiera hablado en un tono amable ella-: “no se preocupe, señorita”, pero, aparte del “señora” que aún me cae bomba pero que no motiva violencias, su trato fue rudo (su tono, su timbre, su no mirarme al decirlo) y mi reacción fue ponerme a mirar el aparato grande rojo metálico y casi acharolado que impedía el paso. miré por el costado, calibré si podría físicamente pasar o no, calibré si habría algún dispositivo eléctrico que pudiese ser peligroso y por el cual se me hubiese negado tan feamente el pase. no lo había, no lo vi y me vi, pequeña, no en un momento específico, pero me vi –más de uno que lea debe conocer la sensación- me vi queriendo pasar por el simple hecho de que se me hubiese “prohibido”. esa debe ser la razón por la que algunos usan drogas o se casan con alguien que sus padres no aceptan –o dejan de hacerlo- o estudian determinadas carreras. no me interesa propiamente digresionar ni sopesar motivaciones ajenas para tan grandes empresas en realidad…
siempre me he creído bastante autónoma, terca me han dicho más de una vez y yo no estaba segura, pero el evento de la tienda (“por departamentos”, ¿así se llama? suena más pacheco…) me demostró que sí, que puedo serlo, que tal vez no llegue a actuar por reacción, pero que me la pienso. por qué la prohibición puede convertir algo en atractivo me pregunto. parece fácil la respuesta, pero para mí no lo es. por qué si te dicen no, tú podrías querer que sea sí o… un momento, me acabo de dar cuenta de que me pasa lo mismo cuando se trata de un sí contundente y ajeno. quiero decir, más de una vez he sido invitada a algo (mirar una puesta de sol hermosa, hacer mi tesis, leer tal o cual libro) con una especie de actitud que aparenta buscar el bien ajeno (es decir el de uno) y la he considerado igual de sublevante que la de la prohibición. ¿por qué, si está bajo el formato de “es por tu bien”? y de pronto me doy nuevamente cuenta de algo: no es epifánico esta vez (como la entrada de “insomnio” ni tan trascendente seguro…), pero entiendo ahora que la falta de modales en una negación o la invitación de quien cree hacernos un bien, abrirnos una puerta (o del que nos ofrece incluso diplomáticamente una negación sin darnos explicación o sin habernos observado lo suficiente, incluso si no es agresivo) son invasiones, invasiones a los límites del propio cuerpo. a mí me gusta ser tocada con suavidad. no hablo en este caso de lo físico necesariamente y menos de edulcoraciones, creo que estoy hablando de respeto. la vida es en parte una de avances y retrocesos entre el respeto y la violencia. el respeto es mejor que la paz, la paz es un estado utópico, inmóvil tal vez, aunque no sé mucho de ella. entre humanos es respeto la paz y aparece la pregunta de quién tiene la medida… la violencia es un arte, la violencia es ese sacudón que nos saca de nosotros y nos coloca en otra parte –sin habérsenos preguntado- que en un primer momento no podemos soportar (físico, emocional, imaginario…). la vida está plagada de violencias y nuestra sensibilidad debe inevitablemente hacerse a ellas, a ella, la violencia es un arte, entonces, un arte que debe ser surcado por el respeto. no me estoy preconizando desde algo que yo muchas veces probablemente no soy capaz de tratar con la elegancia debida, sin embargo, de todos modos, a pesar de…, me reitero en ello y lo digo; incluso si de fulminar se trata solo nos queda el respeto, el respeto es esa suavidad que no necesariamente evita la violencia de sacar de su sitio a algo o alguien sino que tal vez considera lo que está ocurriendo, considera que si va a romper algo no debe inmediatamente hacer como si no hubiese querido, como si tuviera un hilo mejor que el que había para devolverlo a una nueva y renovada vida (y no es redundancia), la violencia implica el respeto de la conciencia y si no se tiene conciencia, debe haber contención. creo también que si algo no nos importa demasiado debemos darle respeto y no desdén, aquello que no nos toca toca a otros, aquello que nos toca no hace ni chistar a un tercero.
si yo hubiera mandado a la mierda a la señorita la señorita hubiese tal vez llamado a un supervisor, tal vez se hubiese “reducido” o “encogido” como corresponde tantas veces a nuestras coordenadas sociales a la peruana y, menos probablemente, hubiese tal vez respondido al insulto y menos probablemente aún aclarado la situación y dicho que lo sentía si había sido poco amable, pero que estaba pensando en otra cosa cuando me habló, que no se había dado cuenta de su tono de voz… y aquí aparece una nueva forma de violencia: la mía. la mía es la de querer siempre ser tratada con suavidad. ¿qué derecho tengo yo de pedir eso? y, así, mi violencia de la suavidad tiene que restringirse, moldearse y no decir nada –muchas veces, no siempre- cuando se me habla de una manera que pudiese herir, no gustar, sublevar.
no he respondido la pregunta acerca de por qué lo negado puede resultar atractivo y que tal vez no tenga tanto que ver con lo que he terminado diciendo acerca de la violencia y del respeto, pero, francamente no conozco las motivaciones de lo atractivo de lo prohibido. a mí me educaron con unos códigos de responsabilidad e independencia que han hecho que no haya mucho que esté prohibido y por lo tanto mi motivación no se mueva tanto en ese sentido (excepto cuando la señorita me habla feo en la tienda…), pero algo pasa, algo pasa cuando los ingleses van al barrio rojo, cuando los adolescentes se fuman su primer pucho o porro (recuerdo mi primer cigarro, a los 12, un atoro, un interés, que se disipó y se volvió abstinencia por muchos años), recuerdo haber visto a porcel a los 7 u 8 años y confesádolo a mi madre: “mami, he visto películas de potos”. mi madre se rió y me quitó el dolor de estómago que me habían producido la excitación y la culpa y diluyó el placer por lo prohibido. aunque tal vez quiso imponerme prohibiciones más complejas, no de las convencionales, su convicción y fe en la libertad como concepto más contundente incluso de lo que pueda ser soportable muchas veces (lo cual es también una locura) han hecho de mí a veces un monstruo, pero un monstruo que buscará la libertad, sea lo que eso signifique, probablemente hasta su muerte. la búsqueda de libertad es una forma de violencia –bastaría con tomarla, con serlo, pero así no son las cosas, pues… puedo imaginarme acobardada ante una serie de situaciones épicas, tal vez uno construye su idea de libertad incluyendo todos sus temores, como un farero mira desde su torre y cree que por mirar todo el mar no lo teme (me gusta esa imagen ;), pero así se va tantas veces por la vida, a tientas, cediendo entre el horror y el arrojo… entre, justamente, la violencia y el respeto que más que estar separadas defiendo como unidad de dos planos para poder soportar el ardor de estar vivos.
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